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Alipio y María Bella festejaron ayer con los suyos medio siglo
de matrimonio sustentado en un amor que nació cuando ambos eran
apenas dos críos que vivían en El Maíllo. Desde entonces
permanecen juntos, pero lo que a simple vista parece una
historia de cuento de hadas, es un ejemplo de vida plagada de
trabajo y sacrificio, que les llevó lejos de su tierra natal.
Tras haberse casado con apenas 20 años, Alipio trabajaba en la
construcción en su pueblo, hasta que decidió, como tantos otros,
buscar su futuro en un lugar con más oportunidades. "Me marché a
San Sebastián a trabajar en la construcción", recuerda. Tras una
primera etapa en la que tuvieron al primero de sus cuatro hijos,
pronto vieron que había llegado el momento de dar un nuevo paso.
"No nos llegaba el dinero para pagar el piso, así que con 27
años un amigo me llevó a trabajar a Metz, Francia".
Allí estuvo 18 meses, inicialmente solo y después con el apoyo
de su mujer, que no tardó en acudir a su lado. Una vez
conseguido el objetivo, ambos regresaron a San Sebastián, donde
Alipio encontró empleo en Telefónica, empresa en la que ha
permanecido hasta el final de su vida laboral. Pero ahí no
terminó su lucha. Tras jubilarse, la pareja siguió trabajando en
el bar que montaron para que sus hijos tuvieran una salida
laboral. Ahora, con los 70 años ya cumplidos y con seis nietos
en su álbum familiar, este matrimonio ha regresado a su orígenes
para disfrutar de su retiro en el mismo lugar donde iniciaron su
historia de amor y trabajo.
De aquellos tiempos apenas sí queda gente en El Maíllo. "Todos
están fuera", afirma Alipio. Algunos de los que se quedaron en
aquel tiempo en el pueblo se reunieron ayer en el homenaje que
la localidad brindó a los mayores. Con un convite en el Corral
del Concejo festejaron el poder seguir juntos al cabo de unos
años muy duros para todos.
Hoy, durante la celebración de la fiesta en honor a la Virgen
del Rosario, todos podrán darle gracias a la Patrona por
haberles ayudado a recorrer el camino.
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