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Miguel
Corral
En un día del todo primaveral , el ascenso por el
cañón del Duero, entre esfayaderos y berruecos a 300
metros de altitud, fue acusado en demasía por
quienes no están acostumbrados a sortear los
‘reventones’ entre las laderas del Gran Río, y
aunque con menos dificultad que otros recorridos, el
ascenso hasta el camino de La Code, pasado el
mediodía, hizo mella en los senderistas de asfalto,
que nada tiene que ver con el caminar pausado que
requieren los bancales o los senderos que rodean
racheros y picones.
Pero lo
cierto es que cerca de un millar de personas
asistieron a un encuentro mágico con la naturaleza.
Rodeados de un paisaje en plena efervescencia con la
vida, la flor de escoba aparecía como una alfombra
de blanco marfil que embriagaba el aire de aromas
dulces, de los cerezos colgaban relucientes
estrellas, y la Peña del Águila era vigía de ese
caos en armonía, la armonía del caos.
A las diez de la mañana se daban cita en la plaza
miezuca los 800 senderistas que participaron en la
decimotercera edición de la Ruta Arribes del Duero,
cita ya habitual en el calendario de marchas que se
celebran en la provincia y a la que cada año es más
habitual que se sumen numerosas personas, que si no
pueden compartir caminata sí el fardel o la
fiambrera en el Colagón del Tío Paco, donde sobre
los manteles aparecían repletas de empanadas,
tortillas, hornazos y otras viandas típicas.
Pero antes, 10 kilómetros de recorrido separaban a
los participantes de la gran fiesta en que se
convertiría el merendero cercano a La Code, mirador
que este año se quedó sin el caminar de los
senderistas, que arribaron unos cientos de metros
por encima tras el paso por la Palla La Teodosia.
Tras la entrega de un sombrero y una funda para un
teléfono móvil, el primero de los grupos partía
media hora más tarde con dirección al camino de
Vilvestre y hacia el Arroyo La Cana; y así hasta una
decena de grupos con sus guías correspondientes. La
mayor parte del recorrido transcurrió sin desniveles
pronunciados, y fue en el último tramo en el que la
decena de voluntarios de Protección Civil de
Vitigudino, veintiséis de Cruz Roja, y varias
unidades de la Guardia Civil tuvieron que estar
atentos ante los avisos de senderistas en mal
estado, especialmente agotamiento por calor y alguna
alergia, si bien en ningún caso las alertas pasaron
a mayores.
Además de los anteriores, todo ello fue posible a
los vecinos de Mieza, que colaboraron en la
organización de este evento que contribuye a la
promoción del entorno natural de Las Arribes como
recurso turístico, un rincón por descubrir. |