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Como todos los años, quiero transcribir algunos documentos de nuestra historia con la única finalidad de que sean conocidos y valorados por los vecinos de Mieza. Un pueblo que desconoce su historia es como un árbol sin raíces, como una flor sin aroma, como una fuente sin agua, como un cerebro sin ideas, o lo que es lo mismo, una comunidad muerta por el desconocimiento y la ignorancia. Nuestro pueblo ha sido siempre un lugar acogedor y lleno de vida, donde sus gentes se han caracterizado, más que otros, por la solidaridad. Un ejemplo de esta condición humana voy a plasmarlo en este programa de fiestas, y no es otro que la donación que en su día hizo una persona, natural de Mieza, D. VALENTÍN GARCÍA CONDE, que residió en Colombia durante varios años, del reloj que actualmente sigue teniendo la torre de la Iglesia, cuyas campanadas forman parte también de la historia personal de cada vecino de
Mieza.
Aunque, previamente y de acuerdo con los documentos de nuestro archivo municipal, quería hacer un breve análisis histórico del primer reloj que se instaló en ese lugar, la torre de la Iglesia. Concretamente, el día 12 de Enero de 1908 se firma un contrato entre el Ayuntamiento de Mieza, presidido por el Sr. Alcalde D. Mateo Sánchez Arroyo y D. Manuel Hernández Montero, relojero de Vitigudino, para la compra e instalación del referido reloj por el precio de 1.643 pesetas. El mismo día de la firma del contrato el Ayuntamiento hace efectiva la cantidad de 1.000 pesetas al relojero y el día 9 de febrero del mismo año, cuando ya está instalado y funcionando correctamente, se le abona el resto, es decir, 643 pesetas. Posteriormente, existen también contratos de arreglo del reloj en el año 1943 y de instalación de una esfera nueva en 1954.
Pues bien, ya en el año 1965, al llegar D. Valentín García de Colombia, se presentó ante el Ayuntamiento, presidido por el Sr. Alcalde D. Evaristo Pascua Martín, con la intención de donar un reloj para la torre debido a que el viejo estaba averiado. Así se hizo y el precio del reloj fue de 45.000 pesetas abonadas íntegramente por el señor Valentín. Desde luego y aunque sea tarde, bueno es que en el programa de fiestas quede acreditado plenamente el eterno agradecimiento de nuestro pueblo hacia D. Valentín, ya difunto.
Voy a transcribir literalmente el segundo punto del orden del día de la Sesión Ordinaria del Pleno del Ayuntamiento, celebrado el día 6 de febrero de 1966, donde se acepta la donación.
“DONACIÓN DE RELOJ. Seguidamente el Sr. Alcalde dio cuenta del acta suscrita por Don Valentín García Conde, hijo de este pueblo, residente en Colombia, de la comparecencia que hizo ante esta Alcaldía y a presencia del Secretario, en la cual ofreció solemnemente donar al Ayuntamiento para el servicio público un Reloj de Torre que por su exclusiva cuenta y pago de coste adquiriría en tiempo y forma oportuna. La Corporación vista tan desinteresado ofrecimiento y sin lugar a discusión de ninguna clase acordó por unanimidad aceptar tan estimada donación. Así mismo se acordó por unanimidad que para testimoniar vivamente a Don Valentín García Conde el agradecimiento y gratitud de esta Corporación y pueblo en general por tan laudable rasgo de generosidad se le transmita esta aceptación y al propio tiempo le haga presente lo reconocida que queda esta Corporación por el bien reiterado que le hace a este pueblo y amor que demuestra al mismo; y en nombre de todos reciba en recompensa las más expresivas gracias y de cuyos favores le quedamos eternamente agradecidos por tan meritorias obras que como recuerdo suyo quedan imborrables en el corazón de todos sus paisanos”.
Posteriormente, el Ayuntamiento contrató con el relojero D. CRESCENCIO RAMOS, de Vitigudino, que finalmente instaló el referido reloj, siendo abonado íntegramente por D. VALENTÍN GARCÍA.
Este último reloj es el único que hemos conocido las personas de mi generación y ha sido un inequívoco símbolo de nuestra niñez cuando de rapaces jugábamos en la plaza y correteábamos por las calles del pueblo. Aunque, el paso del tiempo, como en todo, ha ido deteriorando progresivamente su maquinaria y tan solo hace unos meses tuvo una considerable avería que impidió su funcionamiento durante semanas. Pero, la amabilidad y la aportación desinteresada de un miezuco ejemplar hizo que volviera a funcionar perfectamente. Este vecino consiguió restaurar cada una de las piezas del reloj, con mucha paciencia y esmero. Su generosidad motivó que en sesión ordinaria del Pleno del Ayuntamiento celebrada el 25 de junio de 2004, se hiciera constar por mi parte, como Alcalde, el profundo agradecimiento a D. FELIPE CIFUENTES SÁNCHEZ, al que se unieron, por unanimidad, todos los miembros de la Corporación.
JULIO
FERNÁNDEZ GARCÍA
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