Mieza a


Don Miguel de Unamuno, en sus “Notas de un viaje por la raya de Portugal”, 
nos dejó este texto:  

   “Emprendimos la subida a Mieza desde Laverde por un angosto sendero en resayos, entre peñascales. A trechos iban las mulas invertidas alternativamente, mirando cada una en sentido opuesto al de la de abajo y al de la de encima; tan pequeño era cada trozo recto del zigzagueo. Y una vez arriba, de nuevo la meseta. Al volver la vista, camino de Mieza, vimos a lo lejos la hoz del Duero como un hondo surco abierto en la meseta, como una gran hendidura de sombra. En aquella sombra quedaba Laverde. Y antes de entrar en Mieza nos asomamos a la Code, que presenta el más imponente mirador de la Ribera. Es un saliente sobre el río, cortado no ya verticalmente, sino casi en línea entrante, un gran promontorio en que se hacinan los berruecos. Se ve a un lado y a otro el Duero como larga anguila que se acurruca entre las peñas moteadas de verdura y parece un río humilde y manso”. 


El Estudio sobre el habla de La Ribera, de Antonio Llorente Maldonado 
de Guevara (1947),
en la parte correspondiente a Mieza, dice así:

  Aquí se da la circunstancia de que, a pesar de ser un pueblo pequeño y de los más arrinconados y escondidos en el mismo borde de los escabrosos arribes del Duero, no nos ofrece el cuadro de atraso y dialectalismo que aparentemente debiera de presentarnos, ni siquiera entre las generaciones viejas, muchos de cuyos miembros hablan mejor que los jóvenes, y es que, extraordinariamente laborioso y negociante el miezuco, se ha dedicado a la arriería, para vender por esos mundos de Dios lo que sacan a fuerza de trabajo de su pedregoso y pobre terreno. Por eso hay bastante diferencia, en lo que se refiere al habla, entre los que han andado toda su vida recorriendo los caminos de España y los que no han salido del pueblo, que son los menos. Los más viejos de estos últimos tienen, como era de esperar, un lenguaje de lo más dialectal y arcaico de toda la Ribera; pero, como hemos dicho, son pocos y casi todos rústicos o analfabetos. Los jóvenes, en general, hablan como los de los pueblos más dialectales, bastante peor la mayoría que muchos de los viejos, de los antiguos arrieros, pero han perdido ya bastantes dialectalismos que todavía conservan los rústicos.
  Existen grados intermedios de cerrazón de -o, -e finales; una cerrazón más acentuada que la de los pueblos de la Ribera Sur, pero menos que la del Norte, propia de los rústicos poco instruidos y de los que nunca han salido del pueblo; el resto tiene grados más abiertos, y unas cuantas generaciones, las que comprenden las quintas de 1927 a 1941, que han hecho la guerra, casi no cierran ya nada, cosa parecida a lo que les pasa con los restantes fenómenos dialectales.
  El trueque rl, rn > lr, nr, es bastante frecuente: chalrar, bolra, etc.
  El tratamiento dialectal de l, r, en grupos consonánticos, es corriente en los incultos y viejos pero casi desconocido en los jóvenes.
  La aspiración de x y de F- inicial es un poco más leve que en Vil., pero más acentuada que en todos los demás pueblos. Varía con predominio de las sonoras en posición intervocálica y las sordas en posición inicial absoluta. La -s- intervocálica por fonética sintáctica se aspira, y lo mismo pasa con la -s preconsonántica que se aspira o pierde, reforzándose al mismo tiempo la articulación de la consonante siguiente.
  Alternando con el castellano (Vd., Vds.) es frecuente el tratamiento de 2ª pers. pl. con VOS expreso o tácito.
  Los verbos en -ear cambian siempre en -iar, retrotrayendo el acento en las formas fuertes.
  La -r final de infinitivo se pierde en contacto con enclíticos.
  Apócope sencilla de pers. EL pres. ind.: conoz, merez, sal, vien, etc.
  Perfectos analógicos en todas las personas, menos en la pers. ELLOS.
  Estos tres últimos rasgos dialectales son corrientes en toda la población de Mieza, hasta en los niños de la escuela.
  Vocabulario: Codi, paderón, sanhar, abarcarse, trucar, malvar, solihar, estrúpiu, etc

 
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