Mieza a


 personajes públicos  

 EL SECRETARIO

   Antes, el secretario del ayuntamiento junto con el cura del pueblo y los maestros, era el más “leído” y el más enterado de los cambios, las leyes, los papeles de “arriba” y las ordenanzas municipales que por lo general él proponía y dictaba.

   Los alcaldes de turno, elegidos a dedo entre los más pudientes del lugar, justo sabían firmar los papeles que el secretario les presentaba para legalizar su contenido.

   Hacía de todo: de catastro rural y urbano, de notario en compras y ventas, de albacea, de mediador en las partijas y en las lindes. Expedía toda clase de certificados para solicitar ayudas “de arriba”, autorizaciones varias, apremios, multas, sanciones, etc, etc. Prácticamente era el señor imprescindible en la marcha del pueblo. A él necesariamente debían acudir los cerrados y analfabetos lugareños solicitando explicaciones y soluciones para los pocos papeles que les llegaban de cualquier clase que fuera.

   Su privilegiado y necesario puesto le concedía unas atribuciones que se notaban enseguida. Poseedor de información privilegiada le constituía en el verdadero artífice de los programas municipales.

   No se me olvidará nunca esa hoguera que un día vi hacer a la puerta del que llamaban el juzgado para quemar todos los legajos y papeles ya inservibles, escritos a mano con pluma por los sucesivos secretarios de épocas pasadas. Lenta pero eficazmente iban formalizando los documentos oficiales y legales que sólo entendían ellos con letra amanerada entre borrón y borrón de tinta.

   De su iniciativa e interés por las cosas del pueblo dependían muchas de las mejoras a conseguir y realizar así como las subvenciones a cobrar, las exenciones a reclamar y el incremento y pago de las tasas municipales.

   Una actividad la de aquél entonces muy diferente a la del actual. Ahora no hay dedicación exclusiva, ya se usa el ordenador y la informática en lugar de la tinta y la pluma, con un equipo municipal con alguna más idea de los asuntos del ayuntamiento y en el que el secretario tiene su cometido específico y reglamentado.

   Hoy también son para nosotros recuerdo aquellos orondos viejecitos jubilados cuando ya la edad les impedía ejercer su cometido, subir las escaleras del ayuntamiento y mover aquél tinglado municipal bien conocido por ellos.

ÁNGEL "EL CLAUDINO"



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