Mieza a


      

 A LA SOMBRA DE UNA CERECERA  (Pa los cañizos)

   Medito y contemplo lo hermosa que es mi tierra, lo solidaria que es su gente cuando se recogen las cerezas. En esos días de recolección se forman cuadrillas de familias, vecinos y forasteros que, con gran afecto se desplazan hasta nuestro pueblo para ayudar a “apañar” las cerezas. Vaya para ellos mi admiración y agradecimiento.

   En esos días, todo es gracia y simpatía, se recuerdan viejos cantares y romances, se cuentan chistes y anécdotas, como la de una maestra que tenía por costumbre llevarse a las mocitas para recoger sus cerezas y les decía: “cantad hijas, cantad” (para que no comiesen cerezas).

   Se debería promocionar más nuestro productor como en otras zonas, que tanto anuncian con la semana de la flor del cerezo, del almendro. Nuestro pueblo, que tiene todo eso, más los guindales, perales y un sinfín de árboles frutales, que tanto embellecen nuestra querida tierra en primavera.

   En puertas del verano, por San Antonio, la recolección de las cerezas comienza a las seis de la mañana y dura hasta las nueve de la tarde. Todo es un ir y venir de gente, con toda clase de artilugios, tractores, motoazadas, mulos, burros, carros y hasta carretillos llenos de nuestras hermosas cerezas. La Cooperativa es un hervidero de gente, todo el mundo se ayuda a cargar y descargar, pesar, vaciar y recoger cajas. Ahí se ve un pueblo solidario; siempre hay quién te echa una mano como popularmente se dice.

   Me siento muy afortunado de pasar esos días entre mi gente, de aunar mis esfuerzos para que todos, felices y contentos terminemos la recolección dando gracias a Dios, que también es solidario, pues el señor Cura retrasa una fiesta muy solemne hasta que terminamos y en misa nos desea que terminemos bien las cerezas ya que llevamos dos años con graves caídas de personas que, afortunadamente los lisiados se recuperan bien y nos dejan una anécdota más para contar.

   Bueno, yo, por mi parte, os deseo lo mejor y que para otro año lo podamos contar.

   Y para la mejor despedida, el “romance de mi querida”, para quién lo sepa cantar:

“Apañando cerezas le canté a mi morena
si la zarza no me enzarza
y el tomillo no me enrieda
contigo me he de casar
aunque tus padres no quieran”

MACARIO, un rapá de Mieza



volver