LAS MORUJAS
Cuando la Primavera se asoma
entre emergentes trigales,
hace cantar los arroyos
y susurrar manantiales.
Vuelvo yo a los Arribes
de cenicientos manjares,
trepando como en un sueño,
buscando en los humedales;
ese tapiz caprichoso
de tiernas manos, que salen
de los espejos del agua
entre las claras lunares,
de las cristalinas fuentes
y los mansos manantiales,
tapizando de colores
aterciopelados valles.
Ese manjar son “MORUJAS”,
“regajos” en otras partes,
ensalada de los pobres
comentan según linaje.
Ya quisieran ingenieros
del fogón y del llantaje,
tener a mano el manjar
como se tiene un potaje
para aliñar con buen trago,
buen aceite y buen talante
añadiendo la sal y el ajo
y la hogaza que acompañe
las mejores aceitunas
de los templados bancales;
mecerla en los barreñones,
los de barro rezumante
y darle a los tenedores
como las gentes de antes,
que alrededor del barreño
con el humor chispeante,
hacían guiños a la vida
viviendo feliz ese instante.
Por eso quiero rendir
particular homenaje
a las humildes “ morujas“
y a quien entiende éste arte,
que somos la Cofradía
que tiene por estandarte
asegurar que éstas son
¡ Bocado di Cardinale ¡.
|
MIEZA EN PRIMAVERA
soneto
Que hermoso es el cerezo florecido,
generosa es con él la primavera,
que derroche de tules y de seda,
de fugaces estrellas que han venido.
Y yo miro a su cielo agradecido
del regalo de ver tanta belleza;
mi alma en mi ser se despereza
y mis penas se abrazan al olvido.
No quisiera despertarme de éste sueño,
asomado al balcón de la Rivera,
alimento así mi alma de colores,
del trino de los pájaros risueños,
de la brisa melosa que me besa
y me regala seductora sus olores.
|