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Los grandes y constantes adelantos modernos para facilitarnos
toda clase de trabajos, especialmente los caseros, no han podido
con los imprescindibles pozos o lavaderos públicos. Por
fotografías rescatadas últimamente de viejos archivos, su
ubicación primera no era la de ahora y se hallaban junto a la
plaza de la Constitución muy cerca de la fuente que suministra
el agua a medio punto.
Durante mucho tiempo permanecieron a cielo abierto, al agua de
lluvia y el crudo invierno. Hoy, cubiertos por un tejado de
uralita y con paredes, son más confortables para las señoras,
cada día más mayores, que no se resignan a dejar de
utilizarlos.
Su funcionamiento se rige también por un código no escrito y
consensuado por todas las beneficiarias. Un pozo para la ropa
blanca y aclarar y otro para la de color y más sucia. El
primero, lógicamente más cercano a la entrada de agua limpia
desde la fuente del pueblo y el segundo, en la salida del agua
sucia hacia el arroyo de desagüe de las aguas del pueblo.
¡Si estas paredes hablaran, nos podrían contar un amplio
noticiario quedado ya en el olvido! Lugar apropiado para chismes
y noticias más variadas. Secretos a voces confiados celosamente
y nunca guardados. La primicia de nuevas noticias se conoce en
los pozos. No sólo se lava la ropa y trajes, también se cortan
a la medida al sastre y necesitado de turno.
Feudo exclusivo de las mujeres durante mucho tiempo, las nuevas
costumbres y necesidades han hecho que algún varón los use no
sin cierto azoramiento y rubor así como un malestar lógico al
encontrarse sólo entre tanta mujer y por más que éstas le
animaran a superar su zozobra y mal trago.
Todavía son muchas las señoras mayores que siguen prefiriendo
lavar en los pozos que poner las numerosas y generalizadas
máquinas en las remodeladas y modernizadas casas del pueblo.
Unas porque no le terminan de entender el funcionamiento con
tanto botón y complicado programa de lavado. Las más porque
siguen sosteniendo irreductibles que la ropa queda mejor lavada
y a su gusto en los pozos: más blanca, mejor tratada con el
jabón casero y tendida al sol por un tiempo en la
"cortina" cercana.
Todas, sin embargo, se guardan mucho de reconocer que los pozos
tienen algo más que un atractivo de la tarea de lavar la ropa
sucia. Quien está particularmente interesada en conocer la
última noticia, novedad, chisme o comentario no dejará de
acercarse a los pozos con algún "jato" para lavar.
Allí se "edita" la gaceta diaria del pueblo con las
noticias para la siempre y nunca satisfecha curiosidad femenina.
Los pozos pervivirán mientras haya señoras que prefieran los
lavaderos a las lavadoras, tengan interesantes noticias que
transmitir y chismes que airear, porque ropa sucia siempre
habrá que lavar.
ÁNGEL
"EL CLAUDINO", septiembre 2002
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