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 serie "los apodos"

 capítulo II   EL TÍO JOSE EL TIRARIRA

   Cuando yo tenia ocho añoS, así me queje un día a mi hermano Eduardo:
- Eduardo, Manolo el Gerardo, me ha insultao
- Pos qué te ha dicho?
- Me llamó ¡ tiraria !
- ¿Y tú qué le hiciste?
- Yo, nada, le llamé ¡Morcajo! ¡Vínculo!
- ¡Chacho!, pos si que las arreglao.
- Edudardo, ¿por qué me llaman Tirarira?
- No lo sé. Debió ser cosa del abuelo José y los nietos los hemos heredao.
- ¿Y yo también lo heredo...?
- Coña. Pos ahora si que, ¿no eres también su nieto...?
- Oye ¿ a ti te pica cuando te llaman tirarira?
- Quevá.
- Es que me lo decía con rabia, golpeando un puño contra otro. Y me cantaban:

Tirarira fue al infierno // a pedir un cacho pan
Salió Judas con la porra // Tirarira toma pan

- Huy, hombre, eso es cosa de rapaces. ¿No ves que los viejos no se enfadan por eso? 
- Algunos si se enfadan cuando los llaman por el mote.
- No será muy alabancioso. Baj, serán un poco cascarrabias.
- Es que me lo decía para insultarme.
- No hagas caso. Cuanto más te piques más te lo dicen.
- Sí, pero me insultaban.

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  A la hora de la comida, así le espeté al abuelo José
- Agüelo, ¿qué quiere decir Tirarira?
- ¿Y por qué?, -respondió el abuelo preguntándome.
- Porque hoy un muchacho para insultarme me llamó ¡tirarira! - El abuelo dibujó una sonrisa entre alegre y triste, se le estiró la piel resquebrajada de la cara y resplandeció un destello de juventud en sus ojos -.
- Mira, muchachito, -me dijo-, fue un juego de rapaces. Apostamos dos grupos a tirar por los extremos de una soga siempre uno menos de mi lado: yo contra dos, después uno conmigo contra tres de ellos, luego tres nosotros contra cuatro...y asina hasta que los de un lado arrastraban al otro... La apuesta la propuse yo y además uno de los que perdieran tenía que arremangar a una moza que estaba con su novio en un rincon de la carretera y salir corriendo ( lo de salir corriendo no entraba en la apuesta).
- Agüelo ¡ vaya trastada! le dije; el me miró y continuó -
- Era una tarde soleada de un domingo de cuaresma, cerca de la Resbalina en la carretera de La Code. Como el Baile estaba prohibido en cuaresma, la carretera se llenaba de cuadrillas de mozas cogidas del brazilete y cantando " los Sacramentos de Amor..." y otras tantas cuadrillas de mozos voceando " por esta calle que vamos hay mozas y no las vemos...". Dos o tres cuadrillas de mozalbetes gastaba bromas, a veces pesadas, a otras tantas mozuelas. Menudeaban pandillas de muchachos corriendo con una lagartija en la mano detrás de otras tanta rapazas. Otros grupos gastaban pantalones y bragas resbalándose en la Resbalina. ¡Ay si alguna mozuela sentía ganas de mear....! no le darían facilidades de intimidad. Era toda una algarabía, toda una pajarería en la carretera.
Con cien rapazas y otros tantos rapaces que íbamos a la escuela había para llenar la carretera, La Code y el Llanito la Pulida...
- Agüelo, esas cosas también las hacemos hoy.
- ¡Sois unos pindongos! Me contestó ¿y no coméis cacaroyas?
- Pos claro. Y aceas y almendrucos.
- ¡A rapá! ¡cuidao con el montaraz, Pepe el de la Anguila, - dijo el abuelo- que suele estar en algún recodo de la carretera vigilando El Plantío!
y bajamos a por urde a la orilla del Cachón.- le contesté.
- ¡Votová!.- cortó mi madre.- ¿cuántas veces te he dicho que no bajes al río?
- Es que me lo dijo Angelín el Farruco.
- ¡Otro trasto como tú! Como vuelvas a bajar te rompo la crisma.- añadió mi madre.
- Anda que, -intervino Rosa- que el otro día me dijeron que habías rodado piedras rempimpiando desde el picón a las cabras de La Tía Eudoxia por el Colagón del Tío Paco y que menudos juramentos os echaba desde abajo.
- ¿Es verdad? -me pregunto el abuelo-.
- Yo, ¡que vá! -le contesté-.
- Pos el otro día cuando ibas tú a lavar pal pilón del Horno -le dije a Rosa- fue tu novio contigo hasta la Cruz del Horno y me dijiste que no dijese nada, -Todos me miraron de reojo-
- Tenei cuidao, que la Tía Eudoxia es bruja y os puede capar.- dijo José
- Pos a mí me cura la barriga cuando me duele -le dije a José- Y el otro día tú te subiste al nido de miloje en el picón pa Las Cañas y después no podías bajar.
- Votovadiosle- dijo la madre- como coja una berdasca os doy a todos.
- ¡Eres un enredique!, -me dijo el abuelo- Anda, come, que te quedas aorzas.
- ¡Jolines! es que todos van contra mí - rezongué-
- Callaté y déjame que te cuente, que ya me estás embayendo. Bueno, pos cada vez que tirábamos de la cuerda -continuó el abuelo- yo decía a mis compañeros ¡tira.......! ¡tiraaaa!....... ¡tiiiiiiiiraaaa!...., mientras aguantábamos el primer estirajón de los contrarios y al arrastrarlos les decía yo: agora ¡toma!... Y asina con el ¡tira....! , ¡tira...! y el ¡toma! vencimos tosas las veces. Pero a consecuencia del ¡tiiira ! ¡tiiira ! ¡tiiiitaaatiiiraaariiiraa! me quedé con tirarira. Aquella tarde ya no tenía otro nombre más que ¡José el tirarira! y estoy contento.
- ¡Mecachis en la mar!, -le dije-, y yo que me picaba por que me llamaban tirarira. Me quedo con Tirarira. Pero con la de la mayúscula.
- Oye ¿de quién es esa rapaza de la mayúscula? - me dijo el abuelo
-¡Qué tunante es, Agüelo! Y ¿qué pasó con lo de arremangar a la moza? le pregunté.
- ¡Ay, ay, ay! la que se pudo liar. Entre los que perdieron uno tuvo que ir a arremangarla.
Salimos todos corriendo como perdigones por las cortinas, saltando paredes y escondiéndonos entre escobas y carrascos. ¡Ah! y el novio detrás de nosotros. ¡Votová! La que se pudo liar hasta que le convencimos al novio de que sólo había sido una apuesta. Menos mal que entre los que perdieron uno era hermano de la novia.
- Agüelo ¿a usté le gustaba arremangar a las mozas?
- ¡Qué caray!, y a las rapazas. Esto tenía el riesgo de un cachete, pero a ellas también les gusta enseñar un poco las ligas y las nalgas. Pero sólo un poco. Es algo asina como echarles un piropo. Si no, te llaman soso. Primero les haces un guiño de picardia, para ver qué cara ponen , y luego las arremangas.
- Agüelo, ¿y fue alguna vez al infierno?- El abuelo simuló un gesto de extrañeza y al momento me contestó más serio.
- ¡To! ¡eres un zarajuelle preguntando! Mira, he trabajado mucho para no sufrir el infierno de tener que pedir un cacho pan. Y por ganar el pan he sudado muchos caminos y muchas aradas. He pisado descalzo muchas gatuñas y abrojos, pero no he tenido que pedir. Primero se es un lagumán y luego se es pedigüeño. Oye ¿no has oído decir "eres duro como las correas del tio Tirarira"? Pues esas correas son las mías.
- ¡Ah ridiosla! Algunos se hubieran alegrado de verme pedir. Ahora que, tampoco lo daba, si no era necesidad, ni siquiera la perra que pide el cura en la iglesia. ¡A ganarlo! y todos los domingos voy a misa, no te confundas, mocoso. He sido trasto, pero de provecho. ¡Ha sido duro! Pero ¡déjalo!-
- Sí -le dije- y en la Iglesia siempre se sienta en el extremo del primer banco de los hombres.
- Como voy todos los domingos a misa, me lo reservan. A veces me da en la cabeza alguna de las perras que tiran los mozos desde el coro cuando pasa el monaguillo sonando la hucha y pidiendo:"Animas benditas. Podéis hacer bien".
- ¡Claro -le dije- delante están las mozas de rodillas en los reclinatorios!
- En la iglesia yo siempre miro palante, al altar.
 
  Aquel día por la noche fui a llevarle la cena, como todos los días, a la calle La Ortiga.
El abuelo solía acostarse al oscurecer y cenaba ya en la cama, Al terminar me dijo:
Ven pacá, - y con un cariñoso tirón de orejas me dio un beso. ¡Qué cosa mas extraña, el abuelo tirarira dando un beso! ¡Qué recuerdo guardo de eso! Estas cosas no se olvidan mientras el corazón bombee y en la mente brille una estrella. El corazón de lo abuelos es niño y a veces les juega estas malas pasadas o les da estas satisfacciones.
 
  Hoy, 60 años después, vuelvo a hablar con el abuelo Tirarira:
- Abuelo, el otro día una mujer me dijo refiriéndose a uno de mis hijos: "Ah, rapá este es tirarira legítimo". Estarás contento, ¿no, abuelo? -El abuelo no contestó. -Al fin dijo:
- Estoy jugando a las canicas con tu padre y con sus hermanos en el arrimadero pa la Cañas.
De frente vemos La Code y allá en lo hondo del Duero pasa bramando el Cachón. Hace una tarde soleada y la carretera de la Code está llena de gente. ¡Menuda algarabía se oye! Debe ser un domingo de cuaresma.
- Abuelo, -le dije- el Duero ya no brama porque esta quieto. Y la gente ya no va a pasear en cuaresma a La Code, ni está prohibido bailar los domingos de cuaresma, ni...
Pero tú qué sabes, listillo. A ver si me vas a decir que le Duero se ha parado, que el cura ya no tiene sotana, ni sube al púlpito para predicar, o que los mozos no van a rondar a la puerta de las novias por las noches. ¡A ver si es que las mujeres llevan ahora pantalones...! ¡Vamos, habrase visto...! ¡A ver si ahora vas a enseñar a tu abuelo a hacer hijos! Nosotros vivimos en el mundo en que todo es como lo soñamos. ¡Y como me gusta revivir esto...!
- Abuelo, es abril y la gente está haciendo senderismo de las Arribes en La Code.

  De pronto oigo que el abuelo le dice a su hermano Federico el Vínculo:
- Federico, hoy a un biznieto mío le dijeron que era "Tirarira" y además "legitimo". hoy os dejo que me ganéis a las canicas.

VENANCIO PASCUA VICENTE



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