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El verraco de piedra.
Procedente del mundo prerromano, esculpido en piedra de granito y hoy emplazado frente a la Puerta de la Villa, al poniente, nos invita a conocer Monleón. Según vagas informaciones, apareció semienterrado en un teso inmediato a la Villa, donde quizá estuviera desempeñando, en tiempos pasados, una función de hito benefactor en cuanto protector de ganados. 
Hay que situarlo, pues, en un contexto histórico y religioso anterior a la cristianización y en el que se expresarían diversas creencias relativas a la fertilidad, representadas, simbólicamente, mediante la serie de hoyuelos que salpican parte del lomo de la escultura. 

 

~ Todos los restos arqueológicos y demás indicios permiten pensar que, a la llegada de los romanos, Monleón se hallaba configurada como castro o fortaleza, persistiendo después, si bien con una mayor relevancia histórica, su condición de plaza fuerte, que conservaría hasta bien entrada la Edad Moderna.

 

~ Tumbas y centros sagrados
Se conservan, en el término de Monleón, diversas tumbas antropomorfas excavadas en los canchales graníticos que se extienden al Sur del pueblo. Aquéllas parecen guardar alguna relación con el poblamiento altomedieval en esa zona, centrado, principalmente, sobre las márgenes del río Alagón, que discurre a los pies de la Villa. 

~ La presencia de las mencionadas tumbas nos remonta a los siglos VI-VII de nuestra Era, aunque es posible que, durante los siglos posteriores, se prolongase la costumbre de excavar tumbas en la roca para enterrar a los muertos.
Estas tumbas se presentan diseminadas por el ámbito de lo que podemos considerar como un espacio sagrado. Tan sólo en las proximidades de las Ollas de la Sapa las tumbas parecen concentradas en una auténtica necrópolis. 

~ Por otra parte, se observan aquí y allá varias piletas, excavadas también en la roca, y cuya función no era, como suele creerse, la de pisar la uva para elaborar vino, sino más bien la de servir de receptáculo durante la celebración de ritos religiosos que implicaban prácticas de sacrificio en la época prerromana, sin descartar que se prolongasen en el tiempo. Algunas de las tumbas se encuentran relativamente próximas a determinados centros sagrados, en donde se conservan restos de ermitas cristianas, como es el caso de Santa Ana y las Yeguarizas (o Iguariza, como figura en el Libro de la Montería, escrito por Alfonso XI en 1340).  

~ La presencia de una antigua plaza de toros a la vera de la ya derruida ermita de las Yeguarizas refuerza el carácter de centro de culto que dicho lugar poseía. En relación con ello, recordemos que en dicho paraje sitúa la tradición el escenario de la trágica muerte de Manuel Sánchez, en el transcurso de una capea, episodio que ha quedado recogido en el romancero bajo el título "Los Mozos de Monleón".
 

~ El Castillo y las Murallas
Se tienen noticias, a través de documentación escrita, sobre diversas vicisitudes por las que atravesara el castillo de Monleón desde finales del siglo XII, cuando Alfonso XI lo dona a doña Berenguela. Corría el año 1199.En la actualidad, ya restaurada la torre del homenaje y reconstruidas algunas de las posibles dependencias anejas, el conjunto ofrece parte de la presencia que tuviera en la época, gracias a su actual propietario, Don Salvador Llopis.

 
 
       
       
    
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